El niño Interior-
por Sol Naciente del 18-09-10
Esa luz que brilla como un astro y que genera un inmenso poder de atracción nos permite vencer toda clase de obstáculos, limitaciones, miedos y aprehensiones. Esa luz, que aquí llamamos Propósito, con mayúscula, es la conexión más profunda que el ser humano encuentra con su Ser Esencial, con aquel ser no contaminado por la vida existencial, dicho en términos del pensador alemán de fuerte influjo zen, Dürckheim , y que permite distinguir intuitivamente el bien del mal, lo conveniente de lo inconveniente; es el ser que está en comunicación y proximidad con lo trascendente.
El Ser Esencial es aquel que se pregunta y es capaz de contestar ¿Quién soy yo? ¿Quién quiero ser? ¿En quién me quiero convertir? ¿Quién quiero volver a ser? Y también, ¿Quién ya no quiero ser más?
Es en esta luz, y bajo el brillo que emana del Ser Esencial, donde el ser humano vive sus creencias facilitadoras, valores y principios, de aquí emana su portafolio de ideas y conceptos que, en sintonía con lo anterior, le permiten encontrar una coherencia entre quién es y qué piensa, cree, defiende y valora. Allí encuentra su fuerza vital, su energía creadora, su actitud positiva hacia la vida y hacia los problemas. Es de aquí donde surgen sus motivaciones y sus fortalezas. Aquí se da todo lo que el ser humano, encarnado en cada persona, considera sus no-negociables. Allí está el ser humano en su más perfecto brillo.
A partir de este abanico de creencias facilitadores, decimos, se despliega un formidable potencial creador y creativo. Surge un mundo de posibilidades, de opciones. El ser humano es, ante todo, un ser creador que quiere transformarse, crecer, evolucionar y por ello es capaz de superarse a sí mismo. La confianza que el ser humano se tiene le permite aventurarse, explorar, descubrir, crear de la nada lo que requiere para poder vivir mejor, en mayor coherencia consigo mismo, en armonía con la naturaleza y con su entorno. Desde esta fuerza creadora el ser humano se impulsa a la acción. Es capaz de diseñar acciones, de generar compromisos públicos y privados. Aquí está acendrada la autoconfianza, la certeza que a través de la acción encontrará el camino hacia su Propósito. Desde este lugar hay un convencimiento claro: la convicción profunda de conseguir cuanto se propone.
El ser humano en su sombra
Inevitablemente, donde hay luz hay sombra. Y el ser humano encuentra su sombra en algunas de las manifestaciones de su Ser Existencial aquel que se va formando desde su mismo nacimiento cuando comienza a ser envuelto, literalmente, en mil capas de ropajes, ideas, creencias, mandatos, expectativas, deseos, tentaciones, prohibiciones y compromisos. Ese Ser Existencial, del que habla Dürckheim, es un ser, que si bien está educado para poder vivir o sobrevivir funcionalmente en sociedad, va perdiendo paulatinamente su lustre, su brillo que otrora emanaba de su Ser Esencial, no contaminado y puro.
Es en el Ser Existencial donde comienzan a surgir los miedos, las estructuras rígidas sobre lo que debe ser su modo de vida y la forma de comportarse según unas convenciones. Va adquiriendo uno tras otro, preceptos, reglas, creencias negativas, marcos de referencia. Paradójicamente, muchas de estas reglas, normas y perspectivas se convierten en simples victorias del ego, nutridas de orgullo, de embriaguez por el poder, por los apegos a los bienes materiales y a las personas y hacen que la persona se convierta en un ser ávido, entre otras cosas, de reconocimiento social.
De allí surge un mundo de creencias limitantes que el Ser Existencial comienza a adquirir y a aprender. Se vive aquí en un mundo racional, lleno de justificaciones y de respuestas tranquilizadoras como “yo soy así”, o “yo necesito esto o aquello”. También comienzan a surgir la fuerzas limitantes del “yo no puedo”, “yo no tengo” “no debo” o peor aún, “no debería” o incluso “no nací para…” o sus contrarias, las perentorias como el “debo” “tengo” o “debería”. Surge la necesidad de compararse con sus semejantes, de verse menos o más que los demás, de perder la perspectiva de sí mismo en su propia evolución.
Germinan entonces las emociones negativas que provienen del rechazo, la confrontación, la huída y la abulia de permanecer en la zona de confort. El ser humano comienza a experimentar la rabia, el miedo, la ira, el odio, el rencor, la traición, los celos, la autovictimización, el aburrimiento, la desconfianza en sí mismo y en los demás, la vergüenza, la culpa, la ansiedad.
Manifestaciones de la sombra: el teatro interior
¿De qué manera se manifiestan estas emociones? ¿Cómo aparecen en el ser humano? En nuestro enfoque, a través de dos grandes actores de lo que Jung llama el Teatro Interior del ser humano. Una, a través del llamado Saboteador interior, de quien y entre otros autores, Martha Baldwin, ha hecho un magnífico estudio, llamado Autosabotaje (8). De otro lado y en línea con el pensamiento jungiano, con el Niño o Niña Interior.
De esta manera queremos presentar el concepto, uso y aplicación del Niño Interior en las prácticas no-terapéuticas en el presente trabajo.
¿Qué es el motivo del niño interior?
Pedro es un ingeniero civil, supervisor de mantenimiento en una exitosa empresa minera. Desde que inició el proceso de coaching, motivado por su jefe para mejorar sus habilidades de supervisión e interacción con sus pares, encontró en el coaching un vehículo para profundizar en su auto-conocimiento y en su plan de desarrollo de carrera. Pedro, observa su coach, tiene un comportamiento altivo, vive molesto con lo que llama mediocridad de su entorno y afirma que está dispuesto a irse de la compañía si no tiene un reto verdaderamente exigente. Los comportamientos de Pedro en las sesiones de coaching son de arrogancia y autosuficiencia. Habla con frecuencia de sus contactos con los embajadores de los países donde cursó sus postgrados y duda incluso de la efectividad del coaching como proceso de desarrollo profesional. Su coach trabaja codo a codo con él para hallar su Propósito más profundo. Este se va desenvolviendo lentamente para asombro del mismo Pedro y de su coach. Descubre después de tres o cuatro sesiones que quiere cambiar de carrera, que no encuentra satisfacción alguna en el área de Mantenimiento y reconoce una profunda vocación social. Al conectarse con su Niño Interior, descubre varias cosas, entre ellas que el Niño que vive en él es generoso, sencillo, humilde y que antes de adentrarse en el adulto, era un niño que se conmovía con los niños desvalidos de la calle y les regalaba alimentos, juguetes o ropa. En un momento dado, su padre lo llama y le informa que no puede seguir pagando sus estudios en el colegio privado, que si desea continuar en la misma escuela, debe a partir de allí, ganarse cada año una beca de excelencia. Pedro, ante semejante reto, ocupa el primer lugar año tras año. Luego costea su carrera en una universidad privada con becas de excelencia y lo mismo hace con varios postgrados en países del extranjero. Pedro se da cuenta, igualmente que su arrogancia es aprendida desde el momento en que es obligado a destacarse por encima de sus compañeros para poder continuar sus estudios. El Niño Interior que habita en Pedro, que se trepa allí dentro en el momento que comienza a ser exigido al límite, es un niño frágil, asustado, sencillo y amoroso. Al reconectarse con ese Niño acepta enfrentar a su jefe y anunciarle que no desea seguir en el área de Mantenimiento y pedirle su apoyo para que lo ayude a buscar un traslado al área de Comunidades, específicamente a una Fundación que se dedica a promover la creación de empresas en la provincia donde opera la empresa, una de las más atrasadas del país.
El Niño Interior podemos decir entonces, recogiendo una definición de Messina y Messina (9), es el motivo que reside dentro de nosotros que comprende una pequeña criatura, niño o niña, que en algún momento quiso o necesitó ser atendido, cuidado y amado. Ese recuerdo persiste dentro de nosotros en la edad adulta en la forma de Niño Interior. Ese niño, llámese duendecillo, geniecillo, vocecita interior o simplemente niño, convive dentro de nosotros para juzgarnos, llamarnos la atención, reclamarnos nuestra atención, hacernos decir o hacer cosas u obligarnos a abstenernos de comportarnos de esta u otra manera. A veces toma la forma de una voz que sentimos ha sido silenciada y controlada, por nosotros mismos, en gran parte, pero también por el medio circundante comprendiendo este a nuestros padres, mayores, maestros, y jefes. En otras ocasiones cobra vida en ese espíritu creativo y artístico que a veces grita por liberarse de la cárcel a donde lo hemos sometido y necesita ser puesto en libertad para dar rienda suelta a la creatividad. Y también es el sentimiento, guardado con dolor y rencor, de haber sido desdeñado, herido, abusado o maltratado, cuando no el espíritu infantil que nos acompaña aún en la edad adulta y no nos deja enfrentar las duras pruebas de la adultez pues persiste en actuar y ser tratado como un “niño eterno”, como un Peter Pan que se niega a crecer.
Por tanto el Niño Interior adquiere múltiples formas y contornos; no se trata de uno sólo, cincelado en piedra y encasillado en unos parámetros delimitados; es sencillamente el niño que vivió dentro de nosotros hasta cierta edad y después se negó a seguir creciendo para poder resguardarse de amenazas, miedos o circunstancias que no estaba listo para afrontar en su momento. Ese “niño”, como hemos dicho, persiste en nuestro interior en forma de miedo, ansiedad, preocupación, evasión de la realidad, sentimientos de aislamiento, depresión o dificultades para afrontar retos, realidades o verdades de la vida adulta.
¿Qué hizo que el niño interior se acunara adentro?
Ese niño, con ilusiones, miedos, alegrías o fantasías cuando quiso escuchar, pero no oyó, de parte de sus mayores, voces de perdón, de comprensión, de afecto se encajó dentro del otro niño que creció hasta convertirse en adulto. Quiso escuchar frases de afecto y amor como: “siempre te querré, no importa si eres buen o mal estudiante”, “te amo tal como eres”; también quiso escuchar frases de arrepentimiento, perdón o dolor tales como: “perdóname por haberte gritado”, “lamento haberte herido”, "lamento haberte ignorado o desdeñado”, “te perdono por haber hecho ese daño”; quiso escuchar frases de comprensión, compasión y apoyo como: “te comprendo”, “ te entiendo, “te amo”, “te apoyo” “estaré contigo”, “cuenta conmigo”, “aquí estoy” pero nunca las oyó.
¿De qué manera se aposenta el motivo del niño interior en el adulto?
Alba Lucia, es una asistente administrativa de una empresa de alimentos. Acude al coaching casi de manera accidental al conocer una coach que presta allí sus servicios a altos ejecutivos de la oficina. Dado que la empresa no puede costear un proceso de coaching para personas del nivel clerical la coach le ofrece un proceso subsidiado. En la primera sesión aparece el tema que la tiene aparentemente bloqueada: su incapacidad de confiar en el hombre que la corteja y por quien ella siente una enorme atracción. Sin entrar en el pasado de la cliente, la coach intuye un tema de maltrato infantil. A través de una visualización, Alba Lucía logra conectarse con su Niña Interior, traerla al presente y asegurarle que estará bien, que no precisa seguir siendo maltratada y que puede confiar en ella, la adulta, para enfrentar cualquier situación de riesgo que emane de la vida en pareja. Alba Lucía se abraza a sí misma en un gesto de envolver a la Niña Interior, le habla suavemente y la acoge con ternura. La niña puede seguir allí, frágil y miedosa, pero la adulta puede hacerse cargo. Alba Lucía decide formalizar su relación con su pretendiente y poco después deciden irse a vivir juntos. El Niño Interior se anida en nuestro interior de manera sutil en la forma de recuerdos de un pasado que nos dejó marcados de manera indeleble y hoy moldean o filtran la forma en que vemos el presente. Es decir, en la base de nuestro propio sistema de creencias, de valores, de nuestra propia identidad —para utilizar las categorías de Bateson y de Dilts en los niveles neurológicos (10)— está el Niño Interior con sus anhelos, deseos, fantasías, temores y miedos. Ese niño se fue formando en la medida que las normas, reglas, y preceptos de nuestro hogar, escuela y entorno nos fue diciendo cómo debíamos comportarnos y también todo cuanto no debíamos o podíamos hacer; de alguna manera ese niño o niña se trepó dentro del niño o niña que estaba en crecimiento y mientras que la segunda siguió creciendo y se convirtió en adulto, la primera se quedó en estado “latente".
El niño que creció y se convirtió en adulto aprendió a comportarse según las expectativas y enseñanzas de su entorno, ese Ser Existencial aprendió a respetar las ordenes, los mandatos y los preceptos de los adultos, pero el verdadero niño, el que se trepó adentro, mantuvo su esencia, su naturalidad, su espontaneidad, al igual que los miedos y temores propios de esos momentos. Ese niño que buscó refugió dentro del niño que crecía, que estaba atemorizado de no ser lo suficiente bueno” para merecer la aprobación y amor de los padres, buscó refugio en el ser que estaba en crecimiento y se aposentó allí para siempre, como el duendecillo que sale hoy día, desde dentro del adulto en la forma de comportamientos que en el fondo reclaman atención, amor, cuidado, libertad, flexibilidad, creatividad, etc. El niño fue reprimido y en su lugar apareció el adulto que hoy es; sin embargo, el niño se niega a desaparecer por completo y surge en los momentos en que el adulto se siente confundido, afectado, nervioso, o bien, cuando necesita sentirse libre, juguetón, travieso o creativo. De igual forma, el niño interior es el puente que existe, en nuestro ser entre el adulto incrédulo y materialista, con el mundo trascendente y espiritual (11)
Manifestaciones del motivo del niño interior en el adulto
Angélica es una consultora organizacional con dificultades para mantener una clientela estable y por ello decide entrar a un proceso de coaching. Entre sus metas está tener la autodisciplina para hacer un plan de mercadeo, comprometerse con los proyectos que inicia y llevarlos a feliz término. En su proceso de coaching la coach la invita a conectarse y reconocer a su Niña Interior. Angélica recuerda cómo justo antes de entrar a su adolescencia, su madre muere y ella queda, única mujer entre seis hermanos varones y su padre. Angélica aprende a hacerse cargo de las labores y funciones que su madre ejercía en la casa. Pero en ella hay la Niña Interior que se rebela a asumir responsabilidades que no le corresponden. En ese momento, como iluminada por un relámpago, Angélica entiende su renuencia a hacerse cargo de sus proyectos y de llevarlos a feliz término. Ve que quien se manifiesta en esos comportamientos es su Niña Interior que rechaza el asumir responsabilidades. Angélica, en una profunda y emotiva visualización, dirigida por su coach, se conecta con su Niña Interior, la abraza, conversa con ella y la tranquiliza para decirle que puede quedarse tranquila, en su interior, que la Angélica adulta quiere hacerse cargo de todo lo importante de su vida mientras la Niña Interior tendrá permiso de divertirse y ser “irresponsable” en lo que Angélica permita. En ese momento genera un plan de mercadeo, con unas metas y acciones claras y logra cumplirlo de manera efectiva. El Niño Interior se manifiesta a través de nuestros comportamientos y experiencias cada vez que sentimos que en nosotros hay un espíritu atrapado que no logra ser lo que en esencia queremos ser. Ese Niño Interior despierta, se agita y se activa cuando nos mostramos inseguros o titubeantes frente a decisiones importantes, cuando no queremos expresar los sentimientos más profundos de incapacidad, impotencia, rabia, soledad o desesperación, cuando negamos la persona que somos “allá en el fondo”, cuando queremos complacer a los demás siempre, cuando queremos aparecer como buenos y bondadosos, cuando reprimimos las emociones, cuando no aceptamos ser quienes en realidad sabemos que somos, cuando rehuímos respuestas espontáneas, de “niño” y en su lugar tratamos de acomodar respuestas de “adulto”, cuando nos comportamos de tal manera que queremos esconder que tenemos miedo, alegría, tristeza o enfado, cuando nos sentimos obligados a parecer siempre en control, con actitud adusta y seria frente a la vida, cuando nos negamos a disfrutar, a retozar y a hacer el ridículo para tratar de aliviar alguna tensión, cuando queremos que nos amen por lo que hacemos o por quien aparentamos ser, cuando nos olvidamos de disfrutar las pequeñas cosas de la vida y sentimos una melancolía y sentimientos de vacío por ello En todos estos casos el Niño Interior se agita dentro de nosotros y reclama atención, busca una forma de liberarse y aflorar para restablecer el equilibrio emocional que nuestro ser, conformado por el adulto y el Niño Interior requiere. Aflora cuando, casi sin darnos cuenta, nos vemos en el piso repitiendo con nuestros hijos los juegos que disfrutábamos en nuestra infancia, cuando sentimos que los ojos se nos inundan en lágrimas al ver una escena impactante durante una película, cuando insistimos en comprarnos un juguete de adulto, llámese el último motivo de teléfono celular o agenda electrónica o el más reciente reproductor de MP3, cuando tendemos a sobreproteger a nuestros hijos más allá de lo habitual, cuando nos ponemos sentimentales al pasar las hojas de los viejos álbumes de fotografía que teníamos guardados en el desván, cuando gozamos de montarnos en una montaña rusa, de cantar una canción infantil en un paseo con nuestros amigos, pero de igual forma cuando somos egoístas de compartir información o recursos con los colegas de nuestro trabajo, cuando, respondemos con un grito ante una solicitud inesperada de un subalterno, cuando no queremos escuchar lo que no nos gusta y volteamos la espalda, cuando respondemos violentamente o con agresividad a una retroalimentación que nos incomoda o cuando no damos la razón en un argumento que sabemos hemos perdido pero por puro orgullo del Niño Interior no damos nuestro brazo a torcer, cuando nos negamos a ofrecer disculpas o a perdonar a quien nos arremete o hace daño.